Volumen 8 N° 1
Año 2013

Rev. Obstet. Ginecol.- Hosp. Santiago Oriente Dr. Luis Tisné Brousse. 2009; 4(2): 143-148
Artículo de Revisión

Hipotiroidismo y embarazo: Diagnóstico y tratamiento

Fabio Cano A.1, Axel Paredes V.2
1Médico Becado, Especialidad Obstetricia y Ginecología, Hospital Dr. Luis Tisné Brousse., 2Médico. Unidad de Alto Riesgo Obstétrico, Hospital Dr. Luis Tisné Brousse..

Resumen

El hipotiroidismo durante el embarazo constituye una asociación frecuente. Numerosas publicaciones en los últimos años han puesto énfasis en la necesidad de realizar una intervención en la terapia tiroidea, tema que continúa siendo controvertido. Existen en la actualidad, con carácter de recomendaciones, directrices sobre el manejo y control de esta pa-tología durante el embarazo para evitar las complicaciones que sobre el embarazo, feto y desarrollo psicomotor en los primeros años de vida pudiera llegar a repercutir.

PALABRAS CLAVE: Hipotiroidismo y embarazo. Manejo y seguimiento.

Summary

Hypothyroidism during pregnancy is a frequent association and numerous publications in recent years have emphasized the need for an intervention in thyroid therapy. Theme for today is still controversial, there are now, by way of recommendations, guidelines on the management and control of this disease during pregnancy to avoid the complications of pregnancy, fetus and psychomotor development in early life could become a pass.

KEY WORDS: Hypothyroidism and pregnancy. Management and monitoring.

INTRODUCCIÓN

 

Las enfermedades tiroideas son cada día más comunes en la edad reproductiva de la mujer, constituyendo en frecuencia la segunda patología endocrinológica después de la diabetes mellitus.

Por tal motivo, hoy encontramos que la asociación de hipofunción tiroidea concomitante al embarazo se ha ido incrementando con mayor frecuencia en la última década, correspondiendo en la mayoría de los casos a un diagnóstico efectuado previo a la gestación y con tratamiento establecido.

El conocimiento y el correcto manejo de esta entidad en la embarazada es de la mayor importancia, ya que se acumula evidencia en la literatura de los efectos y las repercusiones que sobre el área reproductiva pudiera llegar a ocasionar. Se ha comunicado un riesgo aumentado de falla reproductiva en la fertilización in vitro (FIV), subfertilidad o infertilidad, abortos espontáneos, desprendimiento prematuro de placenta normoinserta (DPPNI), preeclampsia, parto pretérmino, así como un menor desarrollo neurológico, cognitivo y psicomotor, principalmente durante los primeros años de vida.

Sin embargo en la comunidad internacional existe una gran controversia sobre la utilidad de realizar screening de función tiroidea a toda mujer con deseos de embarazo y al inicio de la gestación.

Por tal motivo y debido a la falta de evidencia sobre su posible utilidad, la ACOG (American College of Obstetricians and Gynecologist) recomienda realizar un perfil tiroideo que incluya mediciones séricas de hormona estimulante del tiroides (TSH) y tiroxina libre (T4L) en mujeres con antecedentes personales de enfermedad tiroidea, enfermedades autoinmunes (principalmente diabetes mellitus tipo 1) y signos clínicos sugerentes de patología del tiroides.

Actualmente se acumula evidencia de que un diagnóstico oportuno, así como un buen manejo y control de la gestante portadora de un hipotiroidismo previo y con terapia de sustitución, redundará en un óptimo crecimiento y desarrollo del producto de la concepción durante y después del embarazo.

Una revisión del estado actual de esta asociación, así como las recomendaciones terapéuticas más relevantes comunicadas en la literatura internacional, son el motivo de esta presentación.

 

DEFINICIÓN Y PREVALENCIA

 

Hipotiroidismo es definido como una enfermedad caracterizada por una disminución en la síntesis y secreción de hormonas tiroideas, generando un estado de hipometabolismo generalizado, lo que a su vez ocasiona repercusiones importantes en todo el organismo.

La prevalencia en la población general es de aproximadamente 3% a 5%, siendo la relación hombre mujer de 1/10, existiendo un aumento significativo (30%) después de los 50 años1.

En el mundo la causa más frecuente es la de origen inmunológico (tiroiditis de Hashimoto), siendo infrecuente el déficit en el consumo de yodo debido a la adición de yodo a la sal de mesa. Sin embargo existen países y áreas geográficas en las que existe un déficit importante de este componente en la dieta, ya sea por falta en la alimentación (productos marinos) o personas sometidas a regímenes restrictivos.

Se calcula una aproximación de 60 miligramos de yodo por kilogramo de sal, en donde 1/4 de cucharada pequeña de sal de mesa yodada proporciona 95 microgramos de yodo. En Chile la sal de mesa se encuentra yodada y contiene 2 a 6 miligramos de yodato de potasio.

Se denomina hipotiroidismo clínico o manifiesto a aquél en el que existen signos y síntomas de la enfermedad, acompañado de una TSH elevada y T4L disminuida en el suero; en cambio el hipotiroidismo subclínico es aquél que generalmente aparece sin signos ni síntomas y con concentraciones séricas elevadas de TSH y T4L normal, o bien una T4L baja y TSH normal (en algunos países es denominado estado de hipotiroxinemia). La frecuencia de hipotiroidismo clínico es 0,2%-2,5% y la del hipotiroidismo subclínico es 2%-5%, haciendo notar que de este último porcentaje, pudiera evolucionar en 5%-6% de los casos a un hipotiroidismo manifiesto.

 

FISIOLOGÍA DEL TIROIDES EN EL EMBARAZO

 

El yodo es parte fundamental en el metabolismo de las hormonas tiroideas2 58% de su aporte en triyodotironina (T3) y 65% en tiroxina (T4). Estas hormonas son sintetizadas por la captación y oxidación del yodo dentro del tirocito mediante la enzima tiroperoxidasa que lo incorpora a la tiroglobulina. Su regulación se realiza mediante el equilibrio que existe entre el eje hipotálamohipófisis-tiroides, de manera que al haber una disminución en la producción de T3 y/o T4, se produce un aumento de secreción de TRH hipotalámica, produciendo la liberación de TSH hipofisiaria y por lo tanto un incremento en la síntesis de T3 y T4 por la tiroides, en un proceso de feedback ampliamente conocido.

La TBG es la globulina que transporta la hormona en el plasma siendo la fracción libre la disponible para su acción en los tejidos. Durante el embarazo normal, como en todos los órganos, se producen cambios en la función tiroidea la que está modulada por tres factores3,4.

1. El aumento en la excreción urinaria de yoduros, secundario a la hiperfiltración fisiológica del embarazo, produciendo una disminución en su concentración plasmática y, por lo tanto, la captación del yodo por el tiroides se encuentra aumentada.

2. El aumento de la HCG que estimula al tiroides; existe una homología estructural entre TSH y HCG, ya que las subunidades alfa de las dos glicoproteínas son idénticas, en tanto que las subunidades beta son casi similares, ya que difieren en su secuencia de aminoácidos en la cadena terminal, estas características le confieren una función tirotrópica intrínseca potente a la HCG quien pondrá en marcha un estímulo en glándula tiroides, aumentando la producción de T4L y disminuyendo la liberación de TSH hipofisiaria por un mecanismo de retroalimentación negativa. Este mecanismo fisiopatológico pudiese desencadenar un hipertiroidismo transitorio, el cual se ha asociado a su vez, con la hiperemesis gravídica.

Dicha estimulación tiene un nivel máximo coincidente con el peak de HCG (8-12 semanas), disminuyendo y manteniéndose estable durante el segundo y tercer trimestre. Sin embargo algunos autores creen que este hecho fisiopatológico no tiene mucha implicancia, ya que por cada 1.000 U/l de incremento de HCG, se incrementa 0,6 pcmol/l la TSH y disminuye 0,1 mUI/l de T4L.

3. Aumento de la globulina transportadora de hormona tiroidea:

El aumento de los niveles de estrógenos resulta de un incremento en la producción a nivel hepático, una disminución de la depuración y degradación y un aumento de la glicosilación de dicha proteína. Dicha globulina aumenta sus propiedades cualitativas y cuantitativas, ya que aumenta su capacidad de fijación al doble y se duplica al doble, por lo tanto el 85% de las hormonas tiroideas están unidas a dicha globulina (fracción unida) que se encontraría en mayores concentraciones plasmáticas, y el 15% restante, que sería la fracción libre o metabólicamente activa, estaría unida a prealbúmina, encontrándola en menores concentraciones plasmáticas. Al existir una discrepancia entre estos porcentajes (85% y 15%) existe un fenómeno de reajuste en el equilibrio fracción unida-fracción libre por parte la tiroides aumentando su producción de T4L secundario a la estimulación por HCG. Este fenómeno no podría ser compensado adecuadamente en pacientes con hipotiroidismo previo.

Durante la gestación temprana existe una dependencia de hormonas tiroideas maternas por parte del feto, ya que éste es incapaz de elaborar sus propios productos (organificación del yodo y sintetización de hormonas tiroideas), situación que cambia entre las 10 y 12 semanas de gestación cuando el feto comienza a producir sus propias hormonas, siendo no del todo independiente de la madre durante el transcurso del embarazo.

Por lo tanto, toda situación de carencia antes de ese período puede ejercer efectos indeseables, ya que las hormonas tiroideas (principalmente T4) son fundamentales para el adecuado y óptimo desarrollo del cerebro fetal y de sus funciones psiconeurológicas5.

A pesar de que la barrera placentaria dificulta la transferencia de hormona tiroidea; pueden encontrarse pequeñas cantidades de T4 y T3 biológicamente activas y de sustrato materno en el compartimiento fetal (alrededor de las 4 semanas de gestación); debido a esto se ha logrado comprobar que durante este período el metabolismo placentario de hormona tiroidea para el feto es a través de la monodeiodinación de la tiroxina hacia triyodotironina bajo la influencia de la monodeiodinasa placentaria tipo II adquieren su mayor relevancia, ya que este hecho fisiológico provee al feto de yodo adicional y evita concentraciones altas de T4 y T3, permitiendo el desarrollo correcto del eje hipotálamo-hipofisiario.

 

Clasificación etiológica

 

A. 1. Hipotiroidismo primario (>90% de los casos)
          Tiroiditis autoinmune (enfermedad de Hashimoto).
          Enfermedad pluriglandular autoinmune. Hipertiroidismo tratado (cirugía, ablación con yodo radioactivo).
          Bocios, nódulos o carcinoma tiroideo tratados con cirugía o radiación. Déficit de yodo. Drogas como litio, propiltiouracilo.

2. Hipotiroidismo secundario de origen hipofisiario. (5-10% de los casos)

3. Hipotiroidismo terciario de origen hipotalámico.

 

Clasificación clínica


B. 1. Hipotiroidismo clínico:
          Hay síntomas de hipofunción tiroidea.
          TSH elevada y T4L disminuida.
          Anticuerpos antitiroideos (antimicrosomales, antitiroglobulina o antirreceptores de TSH).

2. Hipotiroidismo subclínico:
          Pocos síntomas.
          TSH aumentada y T4L normal.
          TSH normal y T4L disminuida.

 

DIAGNÓSTICO

 

Desafortunadamente el diagnóstico clínico continúa siendo limitado, ya que más del 30% de la población son asintomáticos y sólo 1/3 de ellos poseen síntomas leves a moderados.

Debido a esto, el perfil tiroideo de laboratorio adquiere su mayor relevancia para detectar de manera segura y confiable a las pacientes con enfermedad tiroidea.

La hormona estimulante del tiroides (TSH), se considera el gold standard para el diagnóstico y seguimiento del tratamiento por su alta sensibilidad (99%), ya que hay que recordar que más del 90% de los casos de hipotiroidismo son de origen primario y no de origen central.

Por otro lado la valoración cuantitativa de tiroxina libre (T4L) se considera un excelente marcador que evalúa el comportamiento y biodisponibilidad en los tejidos periféricos6.

 

¿SE DEBE EFECTUAR TAMIZAJE PARA HIPOTIROIDISMO EN TODAS LAS PACIENTES?

 

Tema de controversia. La Asociación Americana de Endocrinología en 20087 puntualiza que “parecería razonable realizar pruebas de detección de T4L y TSH a todas las mujeres en edad fértil (<35 años) que deseen embarazarse y a todas las embarazadas en el primer control prenatal”.

Por el contrario la ACOG8 (2008) señala que no existe evidencia razonable para este screening y en la actualidad sería sólo recomendable realizar TSH y T4L a las pacientes con factores de riesgo (enfermedades autoinmunes, diabetes Mellitus, historia familiar o personal de enfermedad tiroidea, antecedentes de infertilidad, o pacientes con signos y síntomas sugerentes de enfermedad tiroidea), haciendo hincapié en que la frecuencia sería aún mayor si no se consideran sólo la población con riesgo.

Vaidya y cols en un estudio efectuado en 1.560 embarazadas encontraron que 6,2% de mujeres presentaban concentraciones anormales de TSH durante la gestación temprana, sin tener factores de riesgo para disfunción tiroidea, y por lo tanto, no hubieran sido reconocidas si solamente se hubiera efectuado un tamizaje para pacientes con factores de riesgo.

 

Ventajas

 

Dada la incrementada prevalencia de la enfermedad en el embarazo (0,2%-2,5% en los casos de hipotiroidismo manifiesto y 2%-5% en hipotiroidismo subclínico), esto aumentaría de manera muy importante el valor predictivo positivo (VPP) para detectar hipotiroidismo, pues esto derivaría en beneficios para el binomio materno-fetal al instaurar precozmente el tratamiento.

 

Desventajas

 

Una de las desventajas radicaría en la precocidad con la que debería efectuarse el estudio, dado que existe una elevada probabilidad de que el daño ya esté establecido a la hora en que la paciente acuda a su primer control prenatal, ya que las hormonas tiroideas son necesarias desde el momento de la concepción. Además también deben de considerarse los costos generados por la realización de la prueba9,10.

 

Tratamiento y control

 

En la actualidad la levotiroxina es el fármaco de elección para el tratamiento del hipotiroidismo.

El American College of Obstetricians and Ginecologyst11 (2009) recomienda incrementar la dosis de levotiroxina en pacientes con hipotiroidismo previo en 20%-50% (promedio 30%), desde el momento del diagnóstico del embarazo (recomendación A), lo que corresponde a un aumento de alrededor de 25 a 50 mcg/día.

Para manejo y control de la terapia, se ha recomendado redefinir el límite superior normal de TSH de la siguiente forma:

– <2,5 mU/l en el primer trimestre

– <3 mU/l en el 2º y 3º trimestre, ya que el percentil actual 10-90 de la población eutiroidea oscila entre 0,4-2,5 mU/l ), en lugar del límite habitual de 4 mU/l. Este incremento será mayor en pacientes con ablación tiroidea (40% a 50%) que en pacientes embarazadas con tiroiditis de Hashimoto (25% a 30%).

Por otro lado en el primer trimestre, la T4L debe mantenerse en el límite superior del intervalo de referencia, sobre 0,9 ng/100 ml, aunque la TSH esté normal.

Hay que recordar que el resultado de la terapia, sólo se obtendrá con mediciones plasmáticas de TSH y T4L entre 5 a 7 semanas después de iniciado el tratamiento.

En un estudio hecho por Avalovich en 200212, comparó pacientes con hipotiroidismo manifiesto versus hipotiroidismo subclínico, y llegó a la conclusión de que el primer grupo tiene 42% más de probabilidades de acontecimientos adversos en relación al segundo grupo (sobre todo en la aparición de preclampsia y restricción del crecimiento intrauterino).

En otro estudio hecho por Casey en 200513 comparó a pacientes con hipotiroidismo subclínico versus pacientes eutiroideas, y llegó a la conclusión de que el primer grupo tiene 9,7% más de probabilidades de acontecimientos adversos. Sobre todo en la aparición de DPPNI y parto pretérmino.

Debido a lo anteriormente mencionado el American College of Obstetricians and Ginecologyst recomienda justificadamente implementar tratamiento al hipotiroidismo subclínico, y sobre todo cuando se acompaña de la presencia de anticuerpos antitiroideos (antimicrosomales), antitiroglobulina, o antirreceptores de TSH, los cuales se encuentran asociados a procesos autoinmunes.

La hormona tiroidea de sustitución está catalogada como droga tipo A de acuerdo a lo establecido por la Food and Drug Administration (FDA), siendo inocua para el feto, sin embargo no se conoce el posible efecto de una sobredosificación sobre el desarrollo fetal14. Es recomendable evitar la ingestión de la tiroxina junto a preparados con fierro ya que se produce menor absorción de la hormona15,16.

El tratamiento con yodo en países deficitarios es imprescindible (200 mcg por día) ya que éste atraviesa la barrera placentaria por transporte activo para la formación de hormonas tiroideas en el feto.

 

CONCLUSIÓN

 

Continúa siendo un tema de gran controversia, ya que existen actualmente una amplia gama de recomendaciones, las cuales se contraponen unas con otras, y debido a esto no existe ningún consenso bien establecido que nos permita tomar las acciones precisas en el manejo de estas pacientes.

A pesar de la falta de evidencia definitiva y la casuística internacional revisada, solamente basada en recomendaciones obtenidas de las experiencias de diferentes unidades de alto riesgo perinatológico, recomendamos iniciar suplementación de levotiroxina en pacientes con tratamiento instaurado previo a la gestación, y se incrementará la dosis de tiroxina en 30%. Los controles serán trimestrales para valoración y ajuste de dosis en caso necesario.

El control y seguimiento adecuado de la terapia hormonal parecen entonces indispensables en el manejo del hipotiroidismo clínico como subclínico para evitar sus efectos deletéreos durante el embarazo (preeclampsia, DPPNI, parto pretérmino), en el feto (RCIU, prematuridad, hipotiroidismo congénito y aumento en la morbimortalidad neonatal), como en los primeros años de vida.

Desde el año 1969, numerosas publicaciones han señalado las dificultades del desarrollo intelectual y psicomotor en los hijos de madres hipotiroideas sin manejo o insuficientemente tratadas.

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